TESTIMONIOS

LEAN LOS TESTIMONIOS:

La única voz que escuche fue la de él | Respetando límites | Ahora ya sé – Merezco más | Empezó Cuando Estaba en el Octavo Grado

Crying - Speak out and be HeardLa única voz que escuche fue la de él”

Mi experiencia empezó cuando yo estaba en el décimo grado en la secundaria. Empezamos a vernos afuera de la escuela. Él era tan bueno conmigo todo el tiempo. Me traía flores de vez en cuando, y tarjetas diciéndome qué feliz era de que estuviéramos juntos, y qué entusiasmado estaba por nuestro futuro. Teníamos tantos de los mismos intereses y parecía que nos estábamos llevando tan bien.

Después de más o menos un año, él decidió apartarse de mí. Me acusó muchas veces de no quererlo suficiente, y si de veras lo quería, que no se lo estaba demostrando en las maneras que él quería que se lo demostrara. Después de apartarnos, me dejó saber muy claro que no quería verme con nadie más, pero él tampoco quería estar conmigo. Desde luego que yo aún estaba enamorada de él así es que cualquier atención que me demostraba, yo lo veía con la esperanza de que quizás nos volviéramos a juntar. Durante este tiempo me usó sexualmente. Yo pensé que al hacer las cosas que él me pedía, él se daría cuenta qué tanto en realidad lo quería.

Durante este tiempo, no se me permitía ver, hablar con, juntarme con, abrazar o pasar ningún tiempo con otro muchacho en ninguna ocasión. Me acusó de ser una coqueta. Empezó a controlarme en maneras pequeñas de primero. Me decía lo que podía y lo que no podía vestir a la escuela. Si yo llegaba con algo que a él no le gustaba, me lo decía inmediatamente, antes de saludarme. Lo hizo hasta que yo dejé de usar maquillaje y empecé a usar pantalones abultados y playeras oscuras y grandes en lugar de faldas y camisetas entalladas.

Entre más tiempo pasaba con él, más me impedía pasar tiempo con mis amistades y hasta con mi familia, Para el fin de nuestra relación, tenía sólo una amistad en la escuela y no participaba en lo que él no participaba. Me aisló completamente, y me tenía sólo para él. Las decisiones que yo empezaba a hacer eran sus decisiones. En ese entonces yo estaba pensando asistir al mismo colegio.

Discutíamos constantemente y siempre amenazaba con golpearme. Me pegó una vez, y después de eso amenazó con pegarme más. Me dijo cosas como “mereces ser golpeada,” y “nunca encontrarás alguien mejor que yo.” Me llamaba nombres horribles. Me hacía sentir como que yo no valía nada y que no tenía ninguna voz. Después de algún tiempo, la única voz que oía era la suya.

Después de dos años y medio, por fin decidí que yo era mejor de la forma en que él me estaba tratando. El último año de nuestra relación él estaba afuera de la ciudad así es que no lo miraba todos los días. Esto en realidad me ayudó a abrir los ojos y ver que yo era una buena persona y que yo merecía mejor. Aún no estaba lo suficientemente fuerte para terminar con la relación hasta un sábado por la mañana. Habíamos tenido un tremendo pleito la noche anterior, y por alguna razón cuando me llamó la siguiente mañana, yo no sentí ganas de contestar. Decidí por fin tomar el teléfono la sexta vez que me llamó. Alegamos otra vez y por fin colgué muy enojada. Me fui a mi cuarto y me arrodillé en el piso llorando. Empecé a gritarle a Díos preguntando que podría haber hecho para merecer las cosas por las cuales había estado pasando durante los últimos dos años y medio. Sentí las ganas de levantar el teléfono y llamarle y decirle que ya estaba harta de él y que no quería nada con él. Le grité a Dios diciéndole “¡No puedo. No soy lo suficientemente fuerte, él sólo volteará todo y me manipulará!” Asombrosamente, sentí una cantidad abundante de valor, y levanté el teléfono para llamar. Por primera vez me le enfrente y Díos me dió el valor para ser fuerte. Terminamos la conversación y yo decidí que ya había terminado con él. No solamente me dio Díos las fuerzas ese día, pero Él me dio la fuerzas para ignorar todas las llamadas telefónicas, cada mensaje instantáneo, y todo correo electrónico.

Díos me levantó de donde estaba arrodillada y me dió las fuerzas. Desde ese día no tuve ningún contacto con él. Díos empezó un cambio directo en mí ese día, y Él me ha estado curando desde entonces. Mi pasión es educar a adolescentes acerca de la violencia doméstica y hacerles saber que sí hay salida. Dios hace cosas asombrantes, y Él tiene un propósito para la vida de cada uno. Este fue el  mío.

 

 

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